Los niños y niñas se van formando en el proceso de juego, en la interacción lúdica con otras personas, con los objetos, con los animales y con los hechos con los que interactúa cotidianamente. El juego es la forma natural de estar del niño/a y a través de este, despliegan sus funciones cognitivas, afectivas, sociales y motrices. Exploran y construyen conocimiento; negocian con sus pares y con los adultos que le rodean, toman acuerdos y comparten valoraciones; construyen más confianza en sus capacidades, aprenden a contextualizar sus decisiones y también sus acciones y, a través de ello, desarrollan una progresiva autonomía.
A través del juego, el niño y la niña crean, exploran, eligen, manipulan, se divierten, así también, se favorecen las emociones positivas y se incrementan los recursos que serán de utilidad para resolver situaciones presentes y futuras. En este sentido, funciona como un factor de cohesión en sus vínculos e interacciones sociales, culturales y en un importante medio para su particular proceso de constituirse en persona.
El juego en el jardín infantil.
Con el propósito de incorporar el juego en sus distintas tonalidades en las prácticas pedagógicas, se recomienda flexibilizar la planificación, modificar la organización del tiempo habitual, intencionar los espacios físicos para provocar el juego y propiciar experiencias educativas lúdicas más libres y enriquecidas.
A continuación, se presentan algunas propuestas:
Desarrollar experiencias a partir de actividades interesantes para los niños y niñas.
Desarrollar experiencias que permitan la interacción, la creación y el diálogo libre.
El juego debe darse en ambientes protegidos y organizados en función del grupo de niños y niñas, rescatando la identidad cultural y juegos tradicionales, los intereses diversos y propios del grupo de niños, utilizando elementos y materiales que permitan el juego libre y el encuentro consigo mismo y los demás.
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